15 de agosto de 2011

GUERRERO DE LA LUZ

El guerrero de la luz no cae en la trampa de la palabra “libertad”.
Cuando su pueblo está oprimido, la libertad es un concepto claro. En esos momentos, usando su espada y su escudo, lucha hasta perder el aliento o la vida. Ante la opresión, la libertad es simple de entender, es lo opuesto a la esclavitud.

Pero a veces el guerrero escucha a los más viejos diciendo: “Cuando pueda dejar de trabajar seré libre”. Y apenas transcurrido un año, se quejan: “la vida es solamente tedio y rutina” En este caso, la libertad es difícil de entender, significa ausencia de sentido.
Un guerrero de la luz está siempre comprometido. Es esclavo de su sueño, y libre en sus pasos.


Un guerrero de la luz no se queda siempre repitiendo la misma lucha, principalmente cuando no hay avances ni retrocesos.
Si el combate no progresa, él entiende que es preciso sentarse con el enemigo y discutir una tregua; ambos ya practicaron el arte de la espada, y ahora necesitan entenderse.

Es un gesto de dignidad, y no de cobardía. Es un equilibrio de fuerzas y un cambio de estrategia.
Trazados los planes de paz, los guerreros vuelven a sus casas. No necesitan probar nada a nadie, lucharon en el Buen Combate y mantuvieron la fe. Cada uno cedió un poco, aprendiendo con esto el arte de la negociación.


El luchador experto aguanta insultos, conoce la fuerza de su puño, la habilidad de sus golpes. Ante un oponente desprevenido, le basta mirar al fondo de los ojos para vencerlo sin necesidad de llevar la lucha a un plano físico.

A medida que el guerrero aprende con su maestro espiritual, la luz de la fe también brilla en sus ojos, y él no precisa probar nada a nadie. No importan los argumentos agresivos del adversario, diciendo que Dios es una superstición, que los milagros son trucos, que creer en los ángeles es huir de la realidad.
Como buen luchador, el guerrero de la luz conoce su inmensa fuerza, pero jamás lucha con quien no merece el honor del combate.


El guerrero de la luz debe recordar siempre las cinco reglas del combate, escritas por Chuan Tzu hace 3.000 años:
La fe: antes de entrar en una batalla, hay que creer en el motivo de la lucha.

El compañero: escoge a sus aliados y aprende a luchar acompañado, porque nadie vence una guerra solo.
El tiempo: una lucha en invierno es diferente a una lucha en verano. Un buen guerrero presta atención al momento adecuado de entrar en combate.

El espacio: no se lucha en un desfiladero de la misma manera que una llanura. Considera lo que existe a tu alrededor y la mejor manera de moverte.
La estrategia: el mejor guerrero es aquel que planifica su combate.


El guerrero de la luz lleva en sí la centella de Dios.
Su destino es estar junto con otros guerreros, pero a veces necesita practicar solo el arte de la espada, por eso, cuando está separado de sus compañeros, se comporta como una estrella. Ilumina la parte del Universo que le fue destinada, e intenta mostrar galaxias y mundos a todos los que miran al cielo.

La persistencia del guerrero será en breve recompensada. Poco a poco, otros guerreros se aproximan y los compañeros se reúnen en constelaciones, con sus símbolos y sus misterios.


A veces el guerrero de la luz tiene la impresión de vivir dos vidas al mismo tiempo.

En una de ellas, es obligado a hacer todo lo que no quiere, luchar por ideas en las que no cree. Pero existe otra vida, y él la descubre en sus sueños, lecturas, gente que piensa como él.

El guerrero va permitiendo que sus dos vidas se aproximen. “Hay un puente que une lo que hago con lo que me gustaría hacer”, piensa. Poco a poco, sus sueños van apoderándose de su rutina, hasta que él percibe que está listo para lo que siempre deseó.
Entonces basta un poco de osadía para que ambas vidas se transformen en un sola.


Cuando se quiere algo, el Universo entero conspira en su favor. El guerrero de la luz lo sabe.
Por esta razón cuida mucho sus pensamientos. Escondidos bajo una serie de buenas intenciones existen sentimientos que nadie osa confesarse a sí mismo: venganza, autodestrucción, culpa o miedo de la victoria, la alegría macabra ante la tragedia de otros.

El Universo no juzga: conspira a favor de lo que deseamos. Por eso, el guerrero tiene el valor de mirar hasta las sombras de su alma y ver si no está pidiendo nada nocivo para sí mismo.
Y tiene siempre mucho cuidado de lo que piensa.


Paulo Coelho


Extracto de -Manual del Guerrero de la Luz-

http://constelaciones-estrella.blogspot.com/2011/08/guerrero-de-la-luz.html

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