5 de mayo de 2015

Fantasmas de Edimburgo. Escocia

Ya hace un tiempo que quería escribir un artículo sobre los fantasmas que supuestamente habitan Edimburgo. Cualquiera que decida viajar a Escocia y visitar esta ciudad se dará cuenta de la gran cantidad de tours con contenido paranormal que se pueden hacer en la capital de Escocia, y es que estas cosas aquí se las toman muy en serio. Me atrevería a decir que la mayor parte de los residentes en Edimburgo creen en fantasmas, incluso una buena parte de ellos podría contarte una historia de este tipo vivida en primera persona. Personalmente conozco a algunos de los que la pueden contar. No debe ser casualidad que una de las pocas cátedras de parapsicología del mundo fue establecida en esta ciudad en el año 1983. Y es que, si crees en estas cosas, he de decirte que la actividad paranormal en la vieja Edimburgo es muy elevada.
Tumba de un fantasma en Edimburgo
Tumba de un fantasma en Edimburgo

La forma que tengo pensada de escribir este artículo es sencilla: contar algunas de las historias de fantasmas más famosas de esta ciudad. También me gustaría añadir alguna historia que quizás no es tan conocida pero que me ha parecido interesante, ya que he consultado algunos libros sobre esta materia y, la verdad, algunos relatos ponen los pelos de punta. No todos los libros que he leído son simplemente historias, hay alguno que ha tratado de investigaciones recientes en lugares especialmente activos, pero sin hablar de una historia de un fantasma en concreto. También tengo pensado incluir una historia de sucesos macabros que tuvieron lugar en Edimburgo hace mucho tiempo, pero que no puede ser catalogada como historia de fantasmas propiamente dicha. Por último, cuando lo considere necesario por ser una historia más desconocida, me gustaría citar a la fuente para así poder ser más justo.
Cementerio de Edimburgo | Conociendo Escocia
Cementerio de Edimburgo

Voy a comenzar hablando de una de las atracciones que tiene esta ciudad. He visitado en numerosas ocasiones el lugar conocido como Mary King’s Close, o el callejón de Mary King si lo tradujéramos al español. Se trata de no sólo uno, sino de cinco callejones que quedaron sepultados en las obras del edificio que hoy es el ayuntamiento de Edimburgo, a tres de los cuáles se pueden acceder (los otros dos quedaron totalmente destruidos), siendo el de Mary King el principal de ellos. Desde 2003 se puede visitar como atracción turística, hoy en día de corte histórico aunque parece ser que al principio era usado como reclamo fantasmagórico. Lo cierto es que, aunque personalmente no he notado nada, en varios sitios he podido leer que se trata de uno de los lugares más embrujados de Edimburgo. De hecho en uno de los libros que he leído hacen un par de sesiones de búsqueda de indicios paranormales a lo largo de estos callejones. Al visitar estos subterráneos hay un momento que se llega a una pequeña habitación, en la que muchos dicen que la temperatura es más baja que en el resto de habitaciones y callejones. En 1992, cuando faltaban algunos años para que la atracción abriera sus puertas al público, el Mary King’s Close fue visitado por un equipo de la televisión japonesa, junto con la que parece ser es la médium más importante del país, Aiko Gibo. Esta mujer sentía diferentes sensaciones al ir atravesando las habitaciones, pero cuando entró en ésta en concreto fue golpeada por una abrumadora sensación de tristeza, hambre y frío, que la sobrecogió. Al ir a abandonarla sintió un tirón de su pierna, y al darse la vuelta se encontró con una niña. Como buena médium le preguntó quién era y qué hacía allí, a lo que la niña contestó que se llamaba Annie y que su familia la había abandonado por contraer la peste (práctica habitual en el Edimburgo de aquella época). Pero que en realidad no estaba triste por eso, sino porque había perdido su bien más preciado: una muñeca de trapo. Cuentan que la médium subió a la Royal Mile, desde donde se accede a estos callejones, y allí compró la primera muñeca que vio. Al dejarla en la habitación, la sensación que percibía se atenuó. Gente de todo el mundo conoce esta historia y dejan numerosos juguetes en esta habitación, hasta el punto de que hay un considerable montón que vacían periódicamente, entregando estos juguetes a obras de caridad. Muchos cuentan, como decía antes, que sienten frío al entrar aquí, incluso como he comprobado personalmente sin conocer la historia. Otros dicen a los guías que sienten impresiones del espíritu al entrar en la habitación. Si Annie descansa en paz desde que la médium le regaló una muñeca, no lo sabe nadie.
No es el único fantasma en estos subterráneos. Ya decía anteriormente que mucha gente sostiene que este lugar está plagado de ellos, sin embargo yo me voy a referir a uno en concreto: el señor Chesney. Este hombre vivió en una de las casas más amplias que hay en el Mary King’s Close, en una sección de este callejón que no fue cerrada hasta que se amplió el edificio del ayuntamiento. Parece ser que de hecho fue la última persona que vivió aquí, hasta el año 1897. Su casa ha sido investigada en diversas ocasiones y se han visto sombras y se han captado extraños sonidos, tanto que hoy en día tiene una cámara web en su puerta, colocada por investigadores de la cátedra de parapsicología, para poder monitorizar la actividad del señor Chesney las veinticuatro horas del día, en lo que me recuerda a una especie de Gran Hermano fantasmal, ya que lo que emite dicha cámara se puede ver en directo por internet accediendo a la página del Mary King’s Close.
Mary King's Close
Mary King’s Close

Una de las historias que oí la primera vez que vine de vacaciones a Escocia y que se me quedó grabada es la que voy a narrar a continuación. Como es normal, al ya hacer tiempo de esto, no recuerdo con exactitud los detalles, así que para contar con más justicia esta historia me voy a basar en el libro Haunted Edinburgh, por Alan Murdie. Existe desde hace siglos la leyenda de que dos de los edificios más importantes de la ciudad, el Castillo y el Palacio de Holyrood, que están a ambos extremos de la Royal Mile (por eso esta calle recibe ese nombre), están conectados por un túnel secreto subterráneo que recorre los casi dos kilómetros que los separan, siguiendo la línea que sigue la propia Royal Mile. Pues bien, hace varios siglos que se descubrió un túnel en los sótanos del Castillo. Para averiguar si era éste el pasadizo sospechado un gaitero voluntario se introdujo en él, con la intención de recorrerlo entero tocando su gaita, y así las personas de la superficie podrían ir oyendo por donde iba. Pero más o menos a mitad de la Royal Mile el sonido de la gaita se interrumpió repentinamente. Del voluntario nunca se supo nada más. Nadie se atrevió a montar un equipo de rescate y, ante el temor a lo que pudiera salir del túnel, éste fue sellado. Por eso, si paseas por la Royal Mile al anochecer y escuchas un lejano sonido de gaitas, que parece que procede de algún lugar debajo de ti, éste será sin duda el melancólico sonido que emite el fantasma del gaitero por toda la eternidad.
Castillo de Edimburgo, Escocia | Conociendo Escocia
Castillo de Edimburgo

De otro libro, Ghostly Tales and Sinister Stories of Old Edinburgh por Alan J. Wilson, Des Brogan y Frank McGrail, extraigo el siguiente relato, uno de los que más consigue que se me pongan los pelos de punta. Todo empezó más de cien años atrás, cuando entre la vecindad del Jardín Botánico de Edimburgo circulaban chismorreos sobre un señor, decían que muy guapo, que vivía completamente solo y jamás salía de la casa de diez habitaciones del número 17 de una calle cuyo nombre se ha olvidado. Sólo una persona entraba en la casa, una señora que iba dos veces por semana a llevarle provisiones y a atender las necesidades de tan extraño personaje. Cuando este hombre murió y su ataúd fue retirado, todos los vecinos pudieron ver como la ya anciana señora cerraba todas las ventanas y echaba la llave a la puerta. Los años pasaron, y de pronto empezaron los rumores de que la casa número 17 tenía de nuevo habitantes. Aunque nadie había sido visto, los respetables vecinos del número 16 y del 18 empezaron a oír ruidos, y alrededor de medianoche escuchaban voces de jóvenes damas acompañadas del más profundo tono de algunos hombres. Al pasar los días nadie podía ver a los nuevos vecinos, así que comenzaron a circular los rumores de que en realidad la casa estaba embrujada. Más años pasaron, y tras una generación estos rumores fueron olvidados. Nuevos residentes se mudaron a los números 16 y 18, pero la casa número 17 permanecía vacía y abandonada. Pero en los primeros años de la Primera Guerra Mundial, esta casa se convirtió en un lugar de mucha actividad. Fontaneros, albañiles, pintores y profesionales de otros gremios empezaron a restaurar la casa porque una pareja inglesa la había comprado con la intención de abrir una pensión en ella.

Un par de incidentes ocurrieron en un dormitorio del ático de la casa. Una de las sirvientas oyó voces procedentes de esa habitación, pero cuando entró no había nadie. A otra le ocurrió lo mismo, aunque añadió que al estar en esa habitación sintió que había alguien de pie justo al lado de ella. Ante estos relatos, el propietario decidió cerrar esa habitación y no volver a alquilarla. Sin embargo un invierno se presentó en la pensión una pareja de recién casados que no encontraba alojamiento, así que el propietario, al tener el resto de habitaciones ocupadas, les alquiló la del ático. Por supuesto que no les dijo nada de las voces, pero por supuesto que ellos las oyeron, así que tocaron la campana que había en el pasillo para que alguien viniese a solucionarles este error, ya que obviamente el dormitorio estaba ocupado. Fue una anciana, Mary Brewster, quien se presentó, pero tan pronto que entró en la habitación chilló de terror. El ama de llaves subió rápidamente la escalera, y sin explicarles nada a la atónita pareja entró. Vio a Mary Brewster rígida, sujetando con firmeza la barra de latón de la cama y mirando hacia arriba, con una expresión de haber perdido la cabeza. Nadie sabe lo que vio, porque nunca fue capaz de volver a hablar. Por su parte la pareja decidió que en realidad no habían buscado lo suficiente entre el resto de pensiones de la ciudad. Las noticias circularon rápidamente y un estudiante de Teología de la Universidad de Edimburgo, llamado Andrew Muir, llegó a un acuerdo con el dueño de la pensión. Él entraría a la habitación con dos campanas, una pequeña que haría sonar si veía algo inusual y otra mayor que usaría si estaba en peligro inminente. Mientras tanto, el propietario estaría en la habitación de abajo. Durante los diez primeros minutos de estancia de Andrew Muir en el ático ningún sonido se escuchó, pero llegados a este punto el propietario pudo escuchar claramente cómo la campana grande estaba sonando. Subió a toda prisa las escaleras e irrumpió en la habitación, y con la tenue luz que vertía la lámpara de la mesa pudo ver al señor Muir desplomado en la silla, mirando hacia arriba y con una expresión en su cara que sólo se podía describir como de pavor. El joven estudiante había muerto de miedo y con renovado terror el propietario tuvo que oír el sonido de la otra campana, al resbalarse ésta de la mano del estudiante muerto. Lo que vieron Mary Brewster y Andrew Muir nunca se ha sabido. La pensión selló sus puertas y el propietario se jubiló. Nunca jamás fue ocupada esta casa otra vez, y años después la calle entera fue demolida, llevándose entre esos escombros los de la casa número 17, y con ellos el secreto que encerraba y que jamás será resuelto. Aunque nunca se sabe, ya que en Edimburgo es costumbre reutilizar piedras y ladrillos de casas demolidas en la construcción de nuevos inmuebles así que ¿quién podría asegurar que el terror que estaba ligado a las piedras de la casa número 17 no habita hoy en día en un nuevo hogar?
Atico embrujado Edimburgo
Podría ser este el ático de la casa número 17…

No sé cómo os sentiréis después de leer esta historia, pero personalmente yo tengo los pelos de punta, así que aunque la temática del artículo es la que es voy a intentar relajar el ambiente contando una historia que no tiene que ver con fantasmas, como anticipaba al comienzo del artículo. Esta historia la protagonizan dos personajes que, personalmente, creo que son los más conocidos de todos los que voy a nombrar a lo largo del escrito: estoy hablando de William Burke y William Hare. Estos dos amigos irlandeses se dedicaban a robar cadáveres en el Edimburgo de principios del siglo XIX para ganarse la vida. Por aquél entonces la Universidad de Edimburgo era una institución de fama mundial por la calidad de su preparación. Es obvio que para investigar en medicina hacían falta cadáveres, pero los suministrados a la Universidad (criminales ejecutados) empezaban a ser insuficientes debido a los cambios en las prácticas y en las leyes. Ahí es donde esta pareja vio el negocio y empezaron a robar cuerpos, pero cuando se vieron en la imposibilidad de seguir robándolos, lo que hicieron Burke y Hare fue empezar a fabricarlos, es decir, a asesinar. Mataban comprimiendo el pecho de la víctima hasta asfixiarla, y siempre a personas que nadie echaría de menos: prostitutas, mendigos, etc. Fueron los verdugos de diecisiete personas desde noviembre de 1827 hasta octubre de 1828. Finalmente fueron descubiertos y aunque las pruebas contra ellos no eran lo suficientemente sólidas, el alcalde le ofreció un indulto a Hare si testificaba contra Burke, que fue aceptado. William Burke fue ejecutado ante una multitud estimada en 25.000 personas el 28 de enero de 1829, y diseccionado públicamente en la Escuela de Medicina, donde a día de hoy se encuentran expuestos su esqueleto, máscara mortuoria y algunos objetos hechos con su piel. Por su parte William Hare huyó de Edimburgo, aunque se desconoce cómo terminaron sus días.
Burke y Hare
William Burke y William Hare

Los asesinatos de Burke y Hare han sido extremadamente conocidos. Varias versiones y adaptaciones han sido llevadas a la literatura y al cine, por poner un ejemplo la novela El ladrón de cadáveres de Robert Louis Stevenson está basada en ellos. En la lengua inglesa, a la forma de matar sin dejar rastro que practicaba esta pareja se le asocia la palabra burking o Método Burke. Pero otro misterio sin respuesta que muchos asocian a estos hechos ocurrió en julio de 1836. Unos muchachos que buscaban madrigueras de conejo en Arthur’s Seat, una de las colinas de Edimburgo, encontraron algo que los dejó atónitos: diecisiete ataúdes en miniatura, de unos cinco centímetros de largo, cada uno de ellos conteniendo siluetas talladas en madera. Habían sido depositados allí uno a uno, porque la disposición así lo indicaba. Había tres hileras, la primera de ellos con ocho ataúdes casi podridos por el paso del tiempo, en la segunda había otros ocho en no tan malas condiciones y en la última había sólo uno de aspecto muy reciente. ¿Fue esto un tributo de algún habitante de Edimburgo, como algunos sugieren, para las diecisiete personas asesinadas por los infames Burke y Hare? ¿O en realidad los menos de diez años transcurridos desde los asesinatos hasta este descubrimiento no justifican los diferentes estados de conservación de los ataúdes, y la explicación sería mucho más macabra? Me temo que nunca conoceremos la respuesta.
Ataudes encontrados en Edimburgo

Ataudes encontrados en Edimburgo

Contaré ahora otro relato extraido de Ghostly Tales and Sinister Stories of Old Edinburgh, un suceso que les ocurrió a finales del siglo XIX a Robert Eliot Westwood, instructor del cuerpo del ejército británico de los Royal Engineers, y a su amigo inglés Tom, que era maestro de escuela. Ambos fueron alojados por una noche en la Casa del Gobernador, dentro del recinto del Castillo de Edimburgo. Durante la velada el tema de los fantasmas surgió. Aunque Robert no había experimentado nunca nada paranormal, no era escéptico, algo de lo que Tom se reía pues mantenía que los fantasmas nunca existieron ni lo harían jamás. A pesar de esto, al retirarse a su habitación de la segunda planta Tom se aseguró de cerrar bien todas las puertas de la casa e incluso colocó una barra de hierro en la del dormitorio para que no pudiera ser abierta. Cuando ya estaban dormidos un sonido como si el día del Juicio Final hubiese llegado les despertó. A pesar de que se habían asegurado bien de haberla cerrado el ruido vino inequívocamente de la puerta principal de la residencia, la cual había sido abierta de golpe. Ambos aguzaron el oído, oyendo pasos que subían por la escalera, pasos pesados con un tono metálico, acercándose poco a poco. Tom agarró la mano de Robert tan fuerte que sus uñas se hundieron en la carne. De pronto la puerta del dormitorio se abrió de par en par y una corriente de aire frío les atravesó. Los pasos se acercaban a ellos y la atmósfera estaba cargada de maldad. Hubo un ruido y después la luz de la luna iluminó la habitación. No había nadie allí, pero la puerta estaba abierta. Los amigos bajaron a la entrada principal y allí comprobaron que estaba también abierta, aunque los pestillos estaban echados y no había nada aparentemente roto. Preguntándose qué poder satánico podía haber hecho esto, volvieron a asegurar la puerta, echaron la llave, y volvieron a su dormitorio donde comprobaron una y otra vez que la puerta estuviese cerrada y segura. Se fueron a dormir y cuando cayeron en un intranquilo sueño otro sonido los despertó. La entrada frontal había sido abierta otra vez. Los mismos pasos se acercaban por la escalera. Una vez más la del dormitorio se abrió de repente, sintiendo ambos la misma corriente de aire frío y la misma sensación de maldad. Los mismos pasos se les acercaban. Esta vez la luz de la luna no entró en la habitación, pero con dedos temblorosos Robert fue capaz de encender una vela. La habitación estaba vacía y en paz, pero la puerta estaba abierta. Les costó reunir el valor suficiente para bajar a cerrar la de abajo, que ellos sabían a ciencia cierta que ya no estaba cerrada. Lo consiguieron, volvieron a su dormitorio y nada más les molestó, debido a que pocos minutos después uno de sus camaradas llamó a la puerta principal para informarles de que era hora de levantarse. Aunque, inocentemente, el soldado les preguntó cómo habían pasado la noche, ninguno fue capaz de explicar la verdad. Y la verdad es que la noche que los amigos pasaron en la Residencia del Gobernador se cumplía el aniversario de un incidente que ocurrió en 1689, cuando el Gobernador era el Duque de Gordon. Esperando un asedio, el Duque envió a su mujer e hijos a la región de Fife por seguridad, pero cruzando el Estuario del Forth se levantó una tormenta y el barco naufragó, llevándose con él la vida de todos excepto la del mayordomo. Cuando regresó al Castillo para contárselo al Duque, éste le asesinó en el centro de una habitación de la segunda planta. La misma habitación donde Tom y Robert pasaron la noche.
Duque de Gordon y su familia

Duque de Gordon y su familia

Escalofriante historia, por lo que voy a pasar a hablar de algo un poco más moderno, y que personalmente no me aterroriza en tanta medida. Se trata de algo que ocurre en el cementerio de Greyfriars, y de lo que ya hablé un poco en un anterior escrito. En este camposanto hay una parte hoy cerrada al público, la denominada Prisión de los Covenanters, ya que unas 1200 personas de este movimiento que pretendía mantener la religión presbiteriana en Escocia fueron confinadas aquí. Quien los persiguió y encerró fue George Mackenzie, y durante este encierro muchos murieron de frío, otros de hambre y otros fueron ejecutados. Cuando Mackenzie murió en 1691 fue enterrado en un panteón a escasos metros del lugar donde él encerró a esas personas y donde provocó tanto sufrimiento. Han pasado los siglos sin que nada haya ocurrido en Greyfriars, y la Prisión de los Covenanters ha sido accesible para todas las personas que deseaban acceder a esa parte del cementerio. Pero en 1999 un mendigo, en una noche fría y lluviosa, decidió que el panteón de Mackenzie era un buen lugar para cobijarse y dormir. Aún tenía frío, así que decidió mover la losa de la tumba para resguardarse en el interior, encontrando unas oscuras escaleras que descendían. Bajó pero tuvo la mala suerte de tropezar por lo que finalmente aterrizó en un montón de huesos en una tercera cámara subterránea. Allí fue donde se encontró cara a cara con una figura oscura y de cuerpo entero: el mismísimo George Mackenzie. Ante esta visión, el mendigo salió corriendo del mausoleo y gritando como si hubiese visto al demonio. Desde entonces, y personalmente creo que es porque este mendigo liberó el fantasma de Mackenzie, muchas cosas extrañas han ocurrido en la Prisión de los Covenanters. En lo que se ha venido a denominar el poltergeist mejor documentado de Reino Unido, existen más de 400 testimonios de personas que sufren arañazos, moratones, mordiscos y con mayor frecuencia desmayos al entrar en este lugar. Tanto que el Ayuntamiento de Edimburgo decidió cerrar esta zona del cementerio para que no hubiese más problemas. Una empresa le pidió permiso al Ayuntamiento para hacer visitas guiadas por la noche, y éste accedió. Es la única forma de entrar, aunque previamente has de firmar un documento en el que lo haces bajo tu propia cuenta y riesgo. Es una zona catalogada con la máxima puntuación en la escala que usan los expertos en sucesos paranormales, visitada por algunos investigadores e incluso por programas de televisión. Decía antes que este lugar no me aterrorizaba en gran medida, pero tengo que reconocer que es porque no he entrado ni pienso hacerlo. Se ha intentado exorcizar el lugar, pero sin éxito. En 2000 un reverendo local, Colin Grant, ante la prensa local y armado con una Biblia en una mano y un crucifijo en la otra, inició un exorcismo. Durante el mismo sufrió convulsiones y finalmente tuvo que abandonar su intento, declarando que no le sorprendería si las abrumadoras fuerzas del mal que había en el lugar le mataran. Murió una semana después.

La siguiente historia, extraída de Ghostly Tales and Sinister Stories of Old Edinburgh, tampoco tiene desperdicio. Nos tenemos que remontar a finales del siglo XVIII, cuando el cerrajero George Gourlay y su mujer Christian vivían en el segundo piso de una casa en Bell’s Wynd, uno de los callejones de la Royal Mile, entre la Catedral de St Giles y la Iglesia Tron. Desde el día en el que se mudaron George estaba totalmente fascinado con la casa que había debajo de ellos. Llevaba vacía y firmemente cerrada desde hacía 21 años, demasiado tiempo para que una casa estuviese desocupada en la Old Town. ¿Dónde habían ido los propietarios? ¿Por qué no se vende? ¿Por qué no la alquilan? Todas estas preguntas se las hacía George, pero su mujer Christian le podría haber dicho algunas cosas sobre esa casa, ya que ella había vivido ahí antes de que se casaran, aunque nunca había hablado del tema. Circulaban extrañas historias sobre la casa en las tabernas de la zona, pero en realidad nadie sabía nada. Una noche George no pudo resistir más su curiosidad, y armado con un juego de herramientas de su trabajo de cerrajero y un candil consiguió entrar fácilmente en la casa. Se encontraba en un largo y estrecho pasillo, con el olor a muerte y abandono rodeándole. Su corazón latía con fuerza, pues él sabía que algo siniestro le estaba esperando mientras se acercaba a la primera de las cuatro puertas que había en el pasillo. Al cruzarla se encontró en la cocina, con varios signos de haber sido abandonada con prisa. En la mesa había varios platos y una salsera, listos para ser llevados al comedor, y en la chimenea el esqueleto de un pato le miraba con ojos vacíos. ¿Por qué alguien se tomaría tantas molestias para preparar una comida que nunca habría de ser consumida?
George se dirigió al comedor y encontró la mesa servida para una cena para dos. Había un cuchillo junto a una hogaza de pan dura como un ladrillo y dos jarras de vino llenas junto a las copas. ¿Para quién era la cena y por qué nunca había sido comida? La valentía inicial de George estaba menguando cuando abrió despacio la puerta del dormitorio. Lo que vio le paralizó. En la habitación había una cama de cuatro postes con una pesada cortina de terciopelo rodeándola, pero del interior de las cortinas una blanca figura fantasmal surgió en silencio y le atravesó, apagando la luz del candil y desapareciendo en el pasillo. A pesar de que su valentía le había abandonado por completo, George no pensaba abandonar habiendo llegado tan lejos. Encendió la luz y se aproximó a la cama para abrir la cortina. En ella vio un esqueleto que le miraba casi de forma amenazadora, con sus blancos dientes de marfil apretados firmemente como si agonizara. George había visto bastante. Completamente aterrorizado salió corriendo de la casa y no dejó de temblar hasta que alcanzó la seguridad de su propia cama, donde Christian estaba dormida. Durante el día siguiente ella vio a su marido completamente conmocionado y casi enloquecido. A pesar de esto no le preguntó. No lo necesitaba, ella sabía qué había pasado.

Esa noche alguien llamó a la puerta. Era un anciano que sin presentarse empezó a preguntar a la pareja cosas sobre la casa de abajo y le pidió a George que, dado que era cerrajero, bajara con él a intentar abrir la puerta. Éste se negó, a lo que el anciano le preguntó “¿Entonces sabes el secreto?” “¡Sí!” respondió George, “he visto el pato y la mesa puesta y las jarras y… y… y…” “Sí, el cuerpo” dijo el extraño, afirmando con su cabeza. En ese preciso momento Christian reconoció al anciano y salió de la casa gritando “¡Es el hombre! ¡Ha vuelto! ¡Es él! ¡Es el señor Guthrie!” Ella le pidió a un vecino ir a buscar al fiscal con el que finalmente se desahogó. El señor Guthrie había sido hace muchos años el último propietario de la casa. Una noche había vuelto inesperadamente y encontró a su mujer en los brazos de otro hombre. Los mató a ambos. Christian había sido su sirvienta por mucho tiempo. Era ella la que había preparado la cena para la señora Guthrie y su amante. El señor Guthrie le dio diez guineas para que callara sobre los asesinatos y preservar su buen nombre. El fiscal, ante esta historia, actúo con comprensión. Le dijo al anciano que se fuera y enterrara a su esposa, debido a que ya había pagado un gran precio, perseguido por todo el mundo por sus propios remordimientos, más de lo que la ley nunca hubiese demandado de él. El fantasma de la señora Guthrie finalmente pudo descansar, pero todavía algunos misterios permanecen sin resolver. ¿Cómo pudo Christian Gourlay vivir durante tantos años encima de una casa donde ella sabía que había un cadáver? ¿Por qué el señor Guthrie había vuelto, después de tanto tiempo, justo al día siguiente de que George hubiese estado en la casa, y de hecho pareciendo saber que el cerrajero había entrado en ella? ¿Y qué pasó con el amante? ¿Qué hizo el señor Guthrie con su cuerpo? Nunca lo sabremos.
Fantasmas de Edimburgo | Conociendo Escocia















Callejón de Edimburgo

¿Puedes ver algo extraño al fondo?

No puedo terminar este artículo sin hablar de otro de los lugares más embrujados de Edimburgo: las bóvedas de South Bridge. Según los lugareños este puente ya estaba maldito desde sus inicios. Los gobernantes de la ciudad le concedieron el honor de ser la primera persona en cruzar el puente en su inauguración, en 1788, a la mujer más anciana de la ciudad. Desafortunadamente la mujer falleció una semana antes de esta inauguración, pero aun así decidieron que cruzaría en su ataúd, por lo que la mayor parte de la población local se negó a pasar por el puente durante varios años alegando que estaba maldito. El puente fue construido con diecinueve arcos y con varios niveles en su interior, resultando en una gran cantidad de bóvedas que fueron ocupadas por comerciantes y artesanos de la época. Pero las condiciones empezaron a empeorar debido a que el puente no fue impermeabilizado, y los comerciantes comenzaron a irse, pero las cámaras vacías fueron progresivamente ocupadas por lo peor de la sociedad de Edimburgo: ladrones, prostitutas, asesinos y demás gente de esta calaña habitaban las bóvedas. Tras algunos años el Ayuntamiento llenó de escombros y tapió el lugar. Pero fue un residente local quien a finales del siglo XX las redescubrió, y desde entonces se pueden visitar como parte de un tour de fantasmas. Muchos programas de televisión se han grabado en este lugar, y varios libros hablan de él. La misma BBC lo ha catalogado como uno de los sitios más embrujados de Reino Unido. Yo mismo he bajado ahí, y tengo que reconocer que el ambiente es opresivo y malsano. Son varios los fantasmas que habitan las bóvedas. Es curioso que en los comienzos de hacerse el tour, había personas que escribían en los libros de visitas felicitando a la empresa por la extraordinaria caracterización de algunos de los personajes de las bóvedas, entre ellos un zapatero. La realidad es que nadie se disfraza en esta atracción, así que ¿cómo es posible que diferentes personas de diferentes partes del mundo, que no se conocen ni conocían nada de la historia, puedan describir en el libro de visitas exactamente la misma visión? Otro de los fantasmas es el de una mujer que odia a las mujeres embarazadas, que suelen ser atacadas o sentirse mal. También hay un niño al que le gusta particularmente agarrar con su gélida mano la mano de algún adulto. Pero el fantasma más hostil es el conocido como el Señor Botas. Se describe como la aparición de una persona muy alta, vestida de azul y con largas botas. Distintas personas han sufrido mareos y desmayos al entrar en la que se dice que es su habitación, otras oyen obscenidades susurradas en sus oídos, y las hay que lo que oyen directamente es comentarios como “no me gustas” o “vete de aquí”.
Bóvedas Bajo el Puente del Sur, Edimburgo | Conociendo Escocia
Bóvedas Bajo el Puente del Sur
Y con esto hemos llegado al final del repaso por algunos de los fantasmas de Edimburgo. Hay muchísimos más, tanto fantasmas como lugares embrujados e historias que asustarían al más valiente. Yo sólo he hecho una recopilación de algunas de ellas, pero sin duda si te atrae el tema esta ciudad es una buena elección para venir. Si por el contrario no crees, tal vez una visita por alguno de los lugares de los que he hablado en este artículo te haría cambiar de opinión. Hasta la próxima.

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